Dicen que soy impertinente

28 de diciembre de 2009

DE NUEVO POR ESTOS LARES

De nuevo por estos lares para seguir dando rienda suelta a mis pensamientos, ideas y ocurrencias.
¡Ojalá que dure la racha ! Y que, como diría Don McLean, a quién podéis escuchar y ver en esta impresionante canción, que nunca dejemos de construir castillos en el aire


18 de noviembre de 2007

El cuentino de las cebollas


Había una vez un huerto lleno de hortalizas, árboles y frutales,y toda clase de plantas. Como todos los huertos tenía mucha frescura y alegría. Por eso, daba gusto sentarse a la sombra de cualquier árbol a contemplar todo aquel verdor y escuchar el canto de los pájaros.

Un buen día, empezaron a nacer unas cebollas brillantes, como el color de una mirada o el de un bonito recuerdo. Después de algunas investigaciones sobre la causa de ese resplandor, resultó que cada cebolla tenía dentro, en el corazón, una piedra preciosa. Ésta tenía un topacio, la otra una aguamarina, aquélla una esmeralda...¡una maravilla!

Por alguna incomprensible razón, se empezó a decir que aquello era peligroso, intolerable, inadecuado y vergonzoso... total, que las cebollas tuvieron que esconder sus piedras preciosas en capas y capas cada vez más feas, para disimular cómo eran por dentro, hasta que empezaron a convertirse en unas cebollas de lo más vulgar.

Pasó entonces por el huerto un sabio al que le gustaba sentarse a la sombra de los árboles y que, sabía tanto que incluso entendía el lenguaje de las cebollas, y empezó a preguntar una por una: -¿por qué no eres como eres por dentro? y ellas iban respondiendo: -me obligaron a ser así. -me fueron poniendo capas... -incluso me puse algunas para que no dijeran...

Algunas tenían hasta diez capas y casi no se acordaban de por qué se pusieron las primeras. aAl final, el sabio se puso a llorar; y, cuando la gente le vio llorando pensó que llorar ante las cebollas era propio de personas inteligentes. por eso, aún hoy, todos siguen llorando cuando una cebolla nos abre el corazón.

Oído a un cuentacuentos, que me hizo llorar sólo de pensar en cómo y por qué lloran las cebollas.

LAS LÍNEAS DE MIS MANOS




Después de leer un poema de Amy, como todo lo que ella genera, absolutamente impactante - se me ocurrió hacer un homenaje a las manos, como fieles compañeras de viaje de todo aquel que tiene la suerte de tocar y sentirse tocado.

Gracias, Amy, por haberme servido de inspiración y referencia.


Las líneas de las manos
Dicen todo
De cada cual.
Nunca les mientas.
Se rebelarán contra ti,
Sin excusas ni remedio.

En mis manos
Hay unas líneas delatoras
De mí y mis consecuencias.
En ellas
Se puede percibir
el sabor de los manjares,
De todos los licores,
De todos los avatares vividos.
En ellas se observan
Las caricias entregadas,
Las hostias detenidas,
Las melodías rasgadas,
Los tactos asumidos.

En las líneas de mis manos,
Se pueden escuchar
Las canciones
Que te aluden,
Los versos
Que te adulan,
Los cuentos
Que te inventan,
Los fragmentos
De la experiencia.

En ellas,
Las lágrimas surcan
El río de la vida,
A golpes de gotas
Que se van incrustando
Como gacelas en el bosque,
Animado por la alegría
De sentirse amado.
En ellas
Se esconden
Rastros de tinta,
Huellas de teclas,
Que cuentan
Historias desnudas
Antes de vivir
En los papeles.


En las líneas
De mis manos,
En esas líneas cabronas
Que me acusan
De cuerdo,
Sin ser más
Que un aprendiz
De honesto,
Hay toda una vida,
¡ mi vida ¡
Con callos
Que sostienen
Tozudez,
Con arrugas
Que rezuman
madurez,
Con lunares
Que detestan
Senectud
Nunca querida,
Aunque siempre divertida.

¡Mirad,
Mirad de una puta vez
mis manos!
Porque..
¡Ahí están
las líneas acusicas,
Las líneas irreverentes,
Las líneas misóginas,
Las líneas ardientes,
Las líneas emolientes,
En las que sigue archivada
Mi vida
De sal e hiel,
De azúcar y miel,
De perfumes y caricias,
De verdades y mentiras,
De vivencias y monotonías,
De pellizcos y alegrías,
De latidos y ambrosías,
De Paquitos y Marías,
Que dan marcha
A mis días,
Con unos kilos de experiencia,
Unos gramos de inocencia
Y todo un poso
De divina inconsciencia,
Con un tanto de paciencia,
Que conforman
Mi existencia.

21 de septiembre de 2007

SOBRE LA LECTURA

...No hay una sola manera de leer bien, aunque hay una razón primordial por la cual debemos leer. La propia necesidad de hacerlo cuando se nos crea la misma por nosotros mismos. Al igual que existe el Yo escritor, es evidente que junto a nosotros o dentro de nosotros está el Yo lector.

Sin lectura, no hay escritura. Tal obviedad no necesitaría de explicación pero sí es bueno que hagamos algunas reflexiones al respecto de la lectura.

A la información tenemos acceso ilimitado; ¿dónde encontraremos la sabiduría? Si uno es afortunado se topará con un profesor particular que lo ayude; pero al cabo está solo y debe seguir adelante sin más mediaciones.

Leer bien es uno de los mayores placeres que puede proporcionar la soledad, porque, al menos en mi experiencia, es el placer más curativo. Lo devuelve a uno a la claridad de ideas, sean la de uno mismo, las de los amigos o las de quienes pueden llegar a serlo.



La lectura imaginativa es encuentro con lo otro, y por eso alivia la soledad. Leemos no sólo porque nos es posible conocer bastante gente, sino porque no hacerlo nos haría vulnerables y si mengua o desaparece la lectura, vencida por el espacio, el tiempo, la incomprensión y todas las aflicciones de la vida ¿ qué tendríamos que hacer para seguir creciendo?....


Nos entregamos a la lectura como a una práctica solitaria más que como a una empresa educativa. El modo en que leemos hoy, cuando estamos solos con nosotros mismos, guarda una continuidad considerable con el pasado. De ahí que nos sirva la lectura para situarnos en la realidad que nos marca el presente sin olvidar las quimeras del futuro y teniendo en cuenta que la creatividad, la imaginación, la técnica literaria del escritor están ahí arropándonos como si fueran velos que nos alientan para que la felicidad de la lectura forme nuestro criterio sobre la vida y sus consecuencias.


Mi lector ideal soy yo mismo. No, no es un cántico a la egolatría, es un reconocimiento al esfuerzo que debo hacer todos los días para acabar la jornada con la mejor de las obligaciones y el más placentero de mis quehaceres: leer.


Ésta, la lectura, como todas las actividades de la mente, debía satisfacer el principal compromiso de uno consigo mismo.


Sir Francis Bacon, que aportó algunas de las ideas aptas para llevarlas a la práctica, dio este célebre consejo:

" No leáis para contradecir o impugnar, ni para creer o dar por sentado, ni para hallar tema de conversación o discurso, sino para sopesar o reflexionar”.


Me parece que en tan pocas líneas, no se puede estar más acertado.

19 de septiembre de 2007

UNA DE PIRATAS COJOS ( NUDOS )


( Crónica apresurada de una noche para seguir gozándola por los siglos de los siglos )

A Víctor Alfaro, el incontestable emperador del universo sabiniano.


A María, increíble sabiniana, por acompañar a este feliz serratiano en los coros y en el baile, al son del ritmo que nos marcó la inolvidable velada.


A la gente, que al fin y al cabo, y una vez más, ha demostrado que sabe ser inteligente.



La primera en la frente, sin aún estar marchita, para que nos libre Dios de los malos pensamientos. Penetrando en el corazón desde los ojos brillantes de cada uno de los quince mil quisques que boleta en mano, meciendo la cuna de los tarareos archisabidos, se adentró al madrileño y goyesco palacio de los deportes para enervarse felizmente con el maratón eterno de las letras y melodías de Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina.

¿Cómo calificar el encuentro con la historia viva de la canción española representada por los dos piratas más inteligentes del panorama que nos asola de triunfitos demodés y saltimbanquis horrísinos ¿ Voy a poner un adjetivo que creo lo engloba en su totalidad: me-mo-ra-ble.
La boutade del Gabilondo anunciando la suspensión del concierto ¿ a quién se le habrá ocurrido semejante gilipollez a la que nadie hizo caso? apertura un show en el que el del Poble Sec y el de Ubeda epatan, desvarían, entonan, ¡ desentonan ¡, se mofan, se emocionan, se increpan, se adornan, provocan, alientan y sobre todo cantando, susurrando, comunicando, dominan a unos fieles entregados desde mucho antes de la convocatoria, sabiéndose amados, adorados y elevados a los más altos confines del Olimpo hispano que tienen a estos dos monstruos de la escena como inconos insobornables para los restos.
¿Qué más da que Serrat cante a Sabina, que Joaquín airee al Nano, que Juanito increpe a Quinito o que Mediterráneo suene a Ruido? Para mí lo más importante es que estos dos pájaros han conseguido, como han demostrado una vez más ¿ y van?, a lo largo de su fantástica, prolífica, exitosa e inimitable trayectoria que millones de seres humanos vibremos engulléndonoslos de un pedazo de tiro, gracias a su evidente generosidad – no exenta de cruentos beneficios, of course – a su falta de divismo, a su envidiable lozanía, a su eterna vitalidad poética y musical, fuera de todo tipo de dudas. Con ellos no hay color ni inclinación ni desvarío. Hay un acuerdo global de que son como son ¡ y como son! Para bien de la salud de la poesía y la música enclavadas en el sentir del más normal de los seres humanos, o sea, tú y yo mismo, entre los miles que les seguimos do quiera estén.
Serrat ha pasado a la historia por varias razones: Por aunar la inquietud por el fomento del conocimiento por parte del público de poetas de la solidez de Espríu, Hernández, Machado o Benedetti junto a su preclara inspiración y sentido social con temas como Lucía, Penélope, Tu nombre me sabe a hierba, Señora, Mediterráneo, Es caprichoso el azar o Una de piratas, entre más de quinientos ejemplos que podríamos citar. Va camino de los sesenta y cinco y ahí sigue superando achaques y ganando vida eterna. Y además, es un ser humano excepcional
Sabina es ya historia por ciertos motivos: por su empeño en ser como es, desde su tenaz rebeldía a su emocionante sensibilidad. Por haberse sabido arropar de músicos que todo el mundo ama por ser quiénes y cómo son, Pachito Varona y Antonio García de Diego, por hacer canciones como Calle Melancolía. Y sin embargo, Princesa, A la orilla de la chimenea y tantas y tantas más hasta más de trescientas que te inyectan un chute eterno de vibraciones extasiantes hasta alcanzar el más genuino de los placeres que es la emoción. Por ser el poeta urbano por antonomasia. Va camino de los sesenta y ahí está ¡ qué tío ¡.

La vida sigue. Sí. Pero por un tiempo no será igual, afortunadamente. Porque este par de pájaros me han hecho creer que aunque siga paseando por la Calle Melancolía, con mi mente clavada en el eterno Mediterráneo, siempre habrá una Penélope que teja para mí los sueños inalcanzables por mucho que haya Pastillas que no me dejen soñar como yo quiero en la Fiesta que la vida ha organizado desde el signo de los tiempos Para la libertad.


Gracias, Nano. Gracias, Joaquín. Vuestro siempre, como tantos, éste que lo es.

5 de septiembre de 2007

El 42


Esa mañana me desperté sollozando como las plañideras en los funerales. Tomé un café para despejarme y, sin olvidarme de la obligada ausencia de Laura, me fui corriendo escaleras abajo a coger el 42.


Estaba el autobús, como siempre, lleno de gente variopinta y ausente y, como casi siempre, con alguien dando la nota. El tipo iba vestido de forma estrafalaria con unos ropajes raídos y negros y una gorra cuajada de lágrimas de plata, superpuestas unas sobre las otras. La cara exageradamente maquillada y con una sonrisa que incitaba al repudio. No obstante, presentaba un par de dientes que asomaban convulsivamente cada vez que se reía, y no paraba de reír el muy cabrón.El ruido en el 42 era habitualmente enorme, más a esa hora en la que la mayoría de los viajeros son gente con prisa y con la mente en no se sabe dónde. Al llegar a la estación del Norte, el jovenzuelo histriónico y grosero, se bajó gritando a todos los que aún permanecíamos en el autobús. - ¡Mierda, mierda, mierda! - riéndose a mandíbula batiente, enseñando unos horribles y sucios dientes, rezumando sarro y restos de comida. Haciéndonos un corte de mangas general, nos dejó en esa parada. Jamás le volví a ver, pero su cara y su expresión desencajada nunca las podré olvidar. Se lo consulté a mi psiquiatra, pero ella no estaba por la labor de ayudar. Sólo me dijo que era cuestión de esperar. Todavía, y han pasado diez años, me estoy preguntando a qué. Sigo soñando con ése tipo estúpido y con sonrisa burlona y desagradable que se ha metido en mi vida, espero que no para siempre. Para distraerme, leo en casa a Cortázar que con su juego de palabras correctas y frases perfectamente construidas consigue que me evada leyendo sus textos, haciéndome pensar que quizás no deba coger más el 42, aunque en él siga viajando Laura que, cuando la veo, me hacer recordar aquello que don Julio se encargó de aclararme, ¿o quizás confundirme?, en alguna ocasión que coincidimos en el cafetín parisino donde nos echábamos unos carajillos que olían a palo de santo:- Yo creo que desde muy pequeño mi desdicha y mi dicha al mismo tiempo fue no aceptar las cosas como dadas. A mí no me bastaba con que me dijeran que eso era una mesa, o que la palabra "madre" era la palabra "madre" y ahí se acaba todo. Al contrario, en el objeto mesa y en la palabra madre empezaba para mi un itinerario misterioso que a veces llegaba a franquear y en el que a veces me estrellaba. Maravilloso Cortázar, impío de mí, que sigo obsesionado con el 42. Y con Laura, claro.


Fuente: Relato contenido en ESPEJOS, de Francisco de Borja Gutiérrez. El País Literario Editorial. Colección NARRATIVA.